martes, julio 3

Veintiuno.





El mundo lo hizo de nuevo.

Le dio la vuelta lenta e inmensa
a esa incandescencia lejana
 que tiene el poder terrible
de hacer crecer las flores y pudrir las guayabas
cuando son las doce, y el sudor.

Otra vuelta en mi eje inexacto y contingente
a pesar de mí, contra mí
y me cobra cada bocanada
recordándomelo.

El mundo es ese toro mecánico
que te embiste con el hastío del tiempo
y te nubla en las horas largas
con la rabia de pies que muerden el suelo

A quien he de felicitar hoy
 a él, o a mí
que apenas existo
y soy un número
dentro de mi cuerpo,
bajo la candela blanca
a pesar de los tantos otros cuerpos

que esperan que sea feliz
que sonría a pesar del sol
y quiera comer bizcocho
sobre el desastre y la repetición
emocionada

a pesar del rímel
y de las armaduras.

Ellos no entienden que yo entiendo.
Que no puedo ser feliz hoy porque no he sabido serlo
en los otros veinte días que fueron iguales a este.

Me dicen que ahora
puedo emborracharme en cualquier lugar del mundo
(pero yo sigo aquí, y ellos también)
que soy dueña de mi vida
 aunque viva con mis padres
que soy egoísta por sentir fastidio y pena
por mi o por el resto.

Pero los cumpleaños se parecen tanto
a los funerales.

La gente se reúne
a celebrar la vida
 y en un corro enumeran las bondades
del laureado.

Los cumpleaños, al menos
tienen
una vena reconfortante
como la tierra húmeda
que arropa a los muertos.


Eventualmente no seré capaz
de agarrar al toro mecánico
en alguna embestida
más temprano o más tarde
me iré en una fiesta inevitable
maquillada
en la armadura final.
 

Y estoy segura, ellos
 querrán algo de mi
igual que en mi cumpleaños.

lunes, marzo 26

La Sequía.



Mi camino ni siquiera tiene crepúsculos que lo recorran, aunque yo prefiero cuerpos. Un cuerpo. Porque tengo estos días encima en los que el desasosiego se siente como una casa grande que me toca habitar sola. El eco de mí misma aumenta el tamaño y las formas de las ausencias. Me veo en el espejo y encuentro ásperos los ríos de la alegría, se vuelven lodo aun esos pequeños oasis que me salvaban de la caer honda en la tristeza. Me arde el alma dentro del cuerpo solo. Yo nací en el trópico de julio y tengo la marca de las noches violentas en las que todo germina y zumba. El tiempo y el espacio me hicieron para el instinto: de este lado del mundo, somos  más hijas de Lilith que de Eva.
Mi cuerpo necesita cuerpo. Me siento perdida porque yo no nací para estar triste. Me siento perdida porque yo no nací para estar sola. Intacta, el barro de mi piel se agrieta. Amar es mi manera de revelarme a mi misma y de rebelarme al cosmos: mi única vocación en este mundo es el amor. Ese es mi reino, mortal y falible, de clavículas y muslos y saliva. Y si mi destino hubiese estado decidido por aquello que hago mejor, entonces fuera sacerdotisa de alguna diosa enterrada en el tiempo por el miedo de los hombres. Yo no sé cómo no amar, yo no sé cómo callarme las manos, aun cuando la ternura se ha olvidado de mis huesos y me expulsa del único reino que reconozco mío. Me pierdo a contraviento y me desdibujo, me vuelvo arisca como animal desatendido, el contorno se me endurece en tu inapetencia cotidiana. Paria de mí me voy otoñando; el aire se me enreda en las piernas, sobrevivo en las malas yerbas, le temo ahora al viento, la concupiscencia seca me araña la garganta. El placer es el recuerdo de otro paraíso perdido. Tu indiferencia lame el óxido de mis goznes sin uso.  Aquí me tienes, paria de mí, intocable, postergada. En tus ramas de excusas  yo soy casi ave a punto de romperse al vuelo.

Retrato de Yvonne Landsberg’ (1914). Matisse.

lunes, junio 13

Amor, hay días en los que me siento como una libélula en un laberinto.


Amor, hay días
que parecen haber sido hechos
sólo para extrañarte
como si tu ausencia se creciera
en una sombra azul sobre todas las cosas
Y el universo se volviera una máquina de humo
un teatro, un carcasa muerta
inhabitable porque no estás conmigo.

Ay, amor, hay días, y hoy es uno de ellos
en los que me siento
dolorosamente inmóvil
como un árbol pequeño
que ve sus frutos ennegrecer en las ramas
y veo
cómo se pierde toda mi miel y mi tersura
mientras espero
ser tomada en racimos por tus manos,
propietarias únicas de este edén pequeñísimo que cuido y cultivo
para que seas dueño y tomes posesión de mis colinas
habitadas por gacelas.

Si supieras

como hay días
en los que tejo y me invento a mí misma en las horas
y me invento risas
y me obligo a darle un sentido a todas las cosas.
Amor, si supieras que hay días en que soy otra Penélope
que teje y teje tantos sueños para ti,
v
isiones en las que te desvisto con arrojo de mujer pantera
o me quedo pequeña acunada en tus huesos.
Tanto te he soñado,
que he tenido que abrirme el pecho
y dejarte salir de a ratos
porque tengo miedo de que mis manos
 te vuelvan ovillos
o mortajas.

Hay días en los que me siento

como una libélula en un laberinto.


Amor, ¿qué hago yo con el inexorable fuego del tiempo
perdida sin la serenidad de lo que tocas,
sin la música de tu pecho, sin el brillo transparente de tus hombros?
Ay, amor, ¿Qué hago yo con esta noche tan larga?
¿Qué puedo hacer más que tejerte, más que llorarte, más que amarte?
Tienes de mí ese sello de avidez no saciada.
Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos. Rompamos este camino juntos.
Ser‚ la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.[...]
Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.*
Hombre mío, ¿qué puedo hacer más que amarte? Te necesito.


*Pablo Neruda. Llénate de mí.

miércoles, junio 1

Miércoles.

Tras el único tomacorrientes en pasillos y salones a la redonda, termino sentada en el piso húmedo de un baño público abarrotado mientras las mujeres que se arreglan me miran raro y las  bacterias trepan felices sobre mí, celebro el milagro de la electricidad, enciendo y con rapidez casi frenética busco en la pantalla el ícono que me abre tu nombre, que me lleva trae tu voz, tus ojos, esa calma de la que me declaro junkie sin planes de rehabilitación.
Te veo sonreír entre tu cansancio y no puedo ser
otra cosa
que un manojo de amor empapado de lluvia, llena de una felicidad discordante entre el desastre de este miércoles de putísima mierda. Se me olvida el agobio y los aguaceros, los exámenes, los libros de texto aun por leer, la falta de taxis, el exceso de café, el sentimiento de culpa por los cigarrillos que no debí haber fumado. Tú me dices I fucking love you y se evapora todo lo que encierra este miércoles raquítico y falto de glorias.
Heme aquí,
 en mi natural tercer mundo, en mi capitalismo tardío de palmeras y decadencia y mal gusto y variadísimos etcéteras.
Tú allá,
 en una ciudad de la cual sólo tengo imágenes de tv y artículos de Wikipedia para imaginarla, para evocarla como un lugar dónde nadie protesta por un 4%, hacerla algo más que un punto geográfico y así poblarla de rostros y de historias y de esquinas.
Pero coño, amor, tú y yo funcionamos. Así, cómo funcionan las cosas que valen la pena. Sin aspavientos y sin acertijos, con el futuro hermosamente peligroso abriéndose en este hoy, este yestermorrow, en este momento en que no te digo todo lo que debería decirte, en el que te digo te amo pero yo sé que no, que te estoy robando, que no te amo.
Que el amor es ya viejo y vulgar, harto gastado, vilipendiado, emputecido, mercantilizado, conservado en formol, etiquetado como agente cancerígeno por la FDA, mejorado con sabores naturales, amarillo 5 y rojo 666, el amor ya es tema recurrente en reality shows y telenovelas y canciones pop de teenstars vírgenes. Y te digo que te amo y no. No es amor porque aquí hay algo más. Lo sé porque he amado antes y no te amo. Aquí hay algo más, un dulce gato encerrado, un macuto sin nombre, un je ne sais quoi. Pero hasta que no me invente una nomenclatura para esta catarata cursi que me moja de esperanzas  lugares del alma que nunca alcanza la lluvia, hasta que no me llegue en una epifanía un sustantivo en mayúsculas para este desborde de lucidez que me hace capaz de acrobacias y de magias, de esta fe en ti que es todo menos ciega, un denominador para esta alegría que no teme al futuro. Amor, lo que quiero decir es que tú y yo funcionamos, de manera extraña y feliz, como fritos verdes con cátsup frío, inexplicablemente buenos cuando juntos.
 Amor, lo que te quiero decir es que  mi x está en función de tu y, que el país de mi piel tiene tu piel como única frontera, que los gogoles sólo se inventaron para medir el poder que tiene tu sonrisa para derretirme el alma, que tú eres mi spinal tap, contigo todo lo bueno sube a 11.
 Amor, lo que te quiero decir,
lo único que te quiero decir,
es que me muero por estar contigo.

jueves, mayo 5

Equis.

A veces me pregunto si debería nombrarte
 darte una palabra única y dolorosa con la que llamarte a gritos
 en las noches de azules complejos y lunas
que se rompen contra el filo de mi ventana.
 Un nombre terrible
que muerda conmigo la almohada
cuando sienta el látigo inasible de la rabia con la que me destruyo
hasta caer en un sueño sin lágrimas.
 Una palabra clara y sonora
que se deslice lenta por mi lengua
 cuando diga,
 cuando explique,
cuando razone.
 y la gente diga ah, y entienda,
sólo por esa palabra que es tu nombre.

viernes, abril 29

Andenes II

Somos el pasado/ un montón de peculiaridades.
Somos eso que se nos queda atrás y sin embargo nos impulsa a futuro como una garra en la nuca que empuja sin apretar y apenas asoma sus falanges cuando nos arreglamos la camisa en el espejo. Somos esas vidas que como mudas de culebra abandonamos en quietos nacimientos cotidianos, la ropa vieja de sentimientos que una vez se hicieron risa o llanto sobre las tazas gastadas de un café demasiado frío, la celebración de canciones que ya no nos inmutan, el oscuro y calmo vacío que te dejan nombres de cuatro letras, tristezas de cinco. La sorpresa y esa sensación densa de que ya eres otra y nunca más volverás la vista atrás, a esa Ítaca de Ulises amargos y dipsómanos, de nombres de cuatro y cinco letras, de absurdos que no terminan de encajar con esa que ahora eres. Ni mejor ni peor, pero otra, distinta a la de las fotos, a la de los viejos poemas. En tu mismo nombre, tu misma cama, tus mismos simulacros y sonrisas de siempre, pero otra. Que mira desde arriba y pestañea poco, que ya no llora mientras deja caer las cadenas de rencores viejos, ahora demasiado grandes y ajenos, pertenecientes al pasado que eres, que te empuja, que te condiciona pero ya no sabe determinarte.

jueves, abril 21

Epílogo

E

Pienso que juntaré mis poemas,
agarrados como una fila de huracanes
y haré un libro desafiante y bello para vos.
Un libro donde estaremos felices
o ariscos como gatos discutiendo,
un libro que flote en el tiempo de tu tiempo
y que podas enseñar a tus nietos
y decirles:

”Miren como me amó esta mujer”,
con orgullo de macho idolatrado.

Gioconda Belli

Recoge los poemas que lancé al aire para ti, las botellas llenas de ruegos y esperanzas que dejé ir a tu mar de tinieblas, el testimonio de mi amor bordado en  tormentas. Tómalos y has de ellos una bandera, un pañuelo de derrotas, una oscura perla de lágrimas.
¿Reconoces en ellos tu piel?
Yo te hice sol y te prendí en mi universo, te conjuré único, te amé con la implacable dulzura de mis manos. Te nombré señor de mi reino diáfano de piel y rutinas, enjuagué con calma tu silencio, el desastre atroz de tu inconstancia. Me hice responsable del peso de la eternidad oculto en las palabras que ensordecían  del deseo tus manos. Yo hice una bitácora de amor y le puse nuestros nombres, te adorné el alma con nardos y filigrana, te quise con la belleza de quien guarda en sí el dolor de la esperanza.
Yo te hice algo más que un hombre.
Yo creé un paraíso con mi aliento, te guardé en el tiempo, te regalé la luz infinita de mi lenguaje.

Toma mis poemas del aire y de las botellas naufragas, descubre en su espejo la primavera curiosa de nuestros primeros encuentros, la rabia otoño que  dejó en mí tu lejanía. Toma mis poemas y búscate el corazón en ellos, cóselos a tu camisa,  siéntete orgulloso de haber sido alguna vez amado. Tú, que no eres más que huesos y agua, tú que no eres ya más que un hombre, toma mis poemas, mi amor tenaz, mi historia de mujer fecunda. Toma mis poemas y atesóralos.
Para mí, no son más  
que jirones de piel vieja.
 Para ti, serán la prueba del amor que una mujer que no es poca mujer te dedicó una vez, haciéndolo inmortal  más allá de todo río de tiempo.  
Toma mis poemas y guárdalos bien.

 Como yo te amé nunca ya jamás volverán a amarte.

viernes, marzo 25

Un plan para Chris.


Yo perdí la costumbre de hacer planes. En mi diccionario personal,  un plan no es otra cosa que el panegírico de un fracaso, una sonrisa que se rompe antes de concretizarse, el abismo de lo que puede ser, el miedo a la divergencia de la verdad y el sueño, al contraste entre lo que imaginas y lo que acontece.

En esta locura, esta excitación pueril que se llama amor y se llama fuego y se llama Chris,  reconozco en el incendio mis pupilas, el antiguo rostro de la niña que fui, esa que ansiaba otras realidades mientras el monstruo viscoso de la cotidianidad corría despacio por debajo los umbrales de las puertas, espantando todo lo que conjuraba; la niña que dejó de serlo cuando entendió, sorbiéndose unos mocos mustios, que el pragmatismo era mejor consejero que el ensueño. Y así me hice esperando el devenir con la mirada blanca, porque el futuro era un carrusel donde lo bueno y lo peor daban tumbos azarosos y siempre había una eventualidad asechando los descuidos.

Pero heme aquí ahora, pero heme aquí, ahora: tengo un plan, una idea de futuro, un universo latiendo en el calendario, un adelanto de la risa, a quick glimpse del disfrute del porvenir, del placer por venir debajo de un mosquitero, debajo de tus piernas largas, de tu nuca perfecta. Que venga el tiempo y se lleve las hojas estáticas que marcan los días, que venga abril y me lleve a dónde estás, a tu piel que es mi otra casa. Que llegue la hora que espero y se acorte entre los dos la geografía hasta que la distancia entre tu boca y mi espalda se mida en granos de arena o en pliegues de una sábana, en microsegundos luz, en sombras de manos, en ecos de risa. Yo tengo un plan y tengo un amor y tengo tu nombre, que es lo mismo que decir, yo tengo tu nombre. 

jueves, enero 13

La Derrota III

A los hombres les encanta decirlo. O a mi me encanta escucharlo, que más da.
Te quiero, aunque. Porque ellos a mí no me pueden amar y punto, sus laberintos y circunstancias nudosas -lo que en en un principio me llama a ellos- no los dejan.
Aunque no lo creas, aunque no lo demuestre, aunque quiera cambiarte, aunque vacile, aunque me comporte como un imbécil, aunque te  haya hecho llorar más veces de lo que tu orgullo te deja admitir.
Cuando me miro en el espejo me pregunto si es que no soy capaz de inspirar amor y calma, amor y más nada. Me palpo a ver si encuentro el fallo pero mis dedos no alcanzan.
Mientras me dibujo la máscara para lanzarme al pozo de los tiburones, los labios de la del espejo me dicen, la del problema eres tú. El taxi me espera abajo.

jueves, enero 6

Andenes II

Todos los asientos ocupados, todos los barrotes con manos atadas. El metro está lleno; nosotros vacíos. O al menos yo. Pero estoy adentro y la carne de piedra de la única ciudad que conozco me envuelve como un útero o una jaula. Yo soy la hija de Santo Domingo, el resultado de sus paradojas y de esa manera absurda y tropical que tiene de lamerse las heridas. Mis ojos se acostumbraron a su belleza, o a falta de algo más, se la inventaron. Porque admito entre la basura y en los rostros policromos de mis iguales universos secretos es que más de una vez me han tildado de maldita loca. Me dejo llevar de los excesos del verde y el azul casi gris y cuando el olor de las guayabas comienza a marear a los atardeceres calientes del malecón,  y estoy sola con ese último cigarrillo y hombres muy negros me venden helados y dulces con la voz de su cuello en cualquier lugar, para delicia de mi nostalgia, entonces, mi ciudad sucia, fea y ruidosa, es el paraíso agridulce donde coexisto casi feliz con heridas y raíces.
El tren poco a poco se vacía, pero a diferencia de mí, está acostumbrado. Ahora el tren y yo somos iguales, hijos modelos de Santo Domingo: casi huecos, tenemos unas cuantas personitas adentro que esperan con la mirada perdida por ese último andén que parece no llega nunca.

martes, enero 4

Mal de Ojo.

Me dan asco, los amantes.
Revolcándose en su amor, en sus gestos de amor que proclaman la misma ceguera una y otra vez, como si al mundo le interesara los detalles resobados de una intimidad que es igual a todas: cine, cena, sexo, abrazos, palabras viscosas.  Celebrándose en fotos y besos cual sanguijuelas grotescas explorándose las gargantas, como si el semen o las lágrimas fueran algo más que manchas en un sofá o la carne la prehistoria de nuestros despojos. Se dan de las manos, egoístas, en los parques y en las plazas y en las calles, y no les importa que en esas mismas plazas y lugares hayan tristes cadáveres andando en lágrimas y mierda en las aceras y en el alma de todas las historias rotas que salvan su memoria en las cosas, aguardando ser revividas por quienes aún las duelen.
Pero a los amantes no les importa, se encienden en neón y se inmolan, y se besan y se miran y a mi da rabia verlos despreocupados y brillantes, asquerosamente brillantes y hermosos en su delirio burbuja universo teatro.  Pero por suerte para el espectador, también el amor eventualmente acaba. Y los amantes desnudos ya de su locura binómica vuelven a ser lo que eran, en en lo que el amor te convierte cuando se va: el esqueleto de algo que una vez fue pero ya no, en la imposibilidad de la pureza, en repetidores mecánicos del sabotaje premeditado de lo hermoso. Esperaré que el amor (uno a uno, dos a dos) les rompa las costillas y el corazón a los que arañan mi calma con su fosforecencia imbécil. Esperaré hasta verlos vueltos autómatas rotos. Luego pondré a hervir más té y les daré la bienvenida a  ellos, mis iguales.

sábado, diciembre 4

Engranaje.



Todos los días igual te voy pensando
tejiéndote la silueta con todas las cosas del mundo
que me recuerdan tu voz, igual ayer que ahora
como si los eones no pasaran sobre nosotros como
nubes de plomo
o balas reventando

el tiempo.

No muere el amor,
esa hierba azul  y aveces mala
que me crece sus raíces adentro y me transforma;
me hace mas bonita pero también más triste
y por igual me da alas o me revienta cruces.

Va muriendo, entonces, ese otro motor
al que aún no he dado nombre porque
no sé nombrarlo,
el resorte que torna al amor en un cosmos habitable
  que toma el sentimiento amorfo
y con magia de dedos y luces
 lo pone en marcha
vibrante como un secreto

o una amapola
  que palpita.

Me va cogiendo moho el artilugio
con el que te amaba.
Y el amor -que no muere pero se desluce-
se va olvidando de sí y se relega
al placard donde se amontonan
gestos en desuso, dientes de leche y nombres con historias
de las que nadie quiere acordarse.

Si nos descuidamos, eventualmente los caminos
acaban
por bifurcarse.

Y nos separan tanto que dejamos de distinguir
el uno en el otro
 las gotas cotidianas
que nos construyen
como estalagmitas.
Luego no somos más que montones de sal y tierra
reservados, extraños
e irreconocibles.

El hoy por hoy por hoy
va corriendo y se hace ayer.
Lo lamento pero
ya no tengo más nada brillante que darte.
lo que queda de mí
soy yo misma.

Y tú, que ya lo sabes
construyes tus márgenes y
me vas empujando
lenta y tristemente
hacia la izquierda.

viernes, noviembre 19

domingo, noviembre 14

IKEA


¿Quién me hubiese dicho que no serías tú? Hace dos años, nunca me hubiese imaginado entrando sin ti en la barriga de esa enorme tienda de muebles. ¿Te acuerdas como vimos a esa mole levantarse poco a poco, recortada contra el sol de las 6 de la tarde? Quedaba en ruta a tu antiguo apartamento, donde veiamos tv y nos reíamos y haciamos el amor como una cosa mágica y cotidiana, mucho antes de que llegara abril y su larguísimo tren de malos augurios. Tu lo hacias todo más hermoso, muchachito. Después de tí, nunca ha vuelto a ser tan serena esta ciudad, ni este cuerpo, ni estas manos. Y en la panza de esa gran tienda de muebles, mordí la verdad como a una bala rabiosa. A mi alrededor se ordenaban con su etiqueta de precios y facilidades de pago cientos de muebles que no conocerán nunca mi costado desnudo, nuestra risa o tus manos largas y perfectas. La tienda está allí, inamovible y monolítica, llena de portaretratos y sillas y lámparas con los que una vez soñé construiríamos rincones para amarnos. Que tonta soy, muchachito. Que por más que quiero volver a lo que eramos no puedo y por más que quiero dejarte ir no te olvido. Pero la tienda de muebles y maravillas está ahí, gigantesca y azul, laberíntica y amarilla. Desbordándose de mesas y alfombras y vasos que no conocerán mi espalda, ni la marca de mis labios. La tienda está donde la dejamos aquella vez, a pesar de mí y de las 6 de la tarde. Supongo que tu aprendiste a vivir sin necesitarme. Pero yo ¿cómo hago para dejarte ir?
¿Puedes respirar sabiendo que Ikea está justo al borde de la avenida donde te tomé de la mano tantas veces en el tapón eterno de las 6 de la tarde?

No me contestaste. Te llamé tres veces hoy.

domingo, octubre 10

La otra Muerte.

Dormir es el simulacro infértil de La Muerte, el adiestramiento impuesto para esa eternidad que se desborda de Nada, como si contra ello hubiese acaso posibilidad de batalla. La única concesión que nos hace el sueño-muerte, es quizás, el despertar, ese ínfimo reflejo de Fénix sobre nuestras nucas mortales; el regalo discreto del renacimiento tras el desmayo autómata que nos hala de los tobillos hasta ese gris amorfo de párpados cerrados. Cada mañana regreso de La Muerte con el presentimiento aterrador de que allá también estarán mis fantasmas y mis debilididades de carne y barro. 
Me conforma saber que tras la zambullida en el vacío terrible del éter y la pesadilla, soy otra. Una Penélope diferente es la que regresa cuando las sábanas dejan de ser mortajas. Algo cambia cada vez. Es imposible asomarse a Su Ausencia y seguir siendo la misma.


fotografía de Robert & Shana ParkeHarrison

jueves, septiembre 30

Distancia

Entró de repente el ventarrón que me trajo, entre azares rotos y pantorillas desnudas la certeza de la distancia. Me abandonó la cotidianidad de mi Santo Domingo como el regalo tardío que no compartiré ya contigo. Vale, como dices tú, que es un hasta luego y no un adiós, pero el mundo es ancho y yo me llamo Penélope, con todo lo que eso significa. Que las casualidades nos llevan y nos traen y a nosotros nos toca construir las causalidades luego.
Y a lo mejor las distancias verdaderas eran las otras y no esta, transóceanica, intercontinental, universal, kilométrica que me viene calando. Ahora, que hace siglos que no te veo, Ulises de camisa a rayas, pozo del que no he de beber en esta vida. Inútil pensar en las conversaciones que ya no tendremos. Cierro la ventana de par en par y me espanto las conjugaciones circunstanciales. Pero ya es tarde. El viento está adentro.

A Goñi, con todo el cariño que le pude tener.

sábado, septiembre 25

Lo que queda.


Mi cuerpo siempre me traiciona
con su jaula de huesos para adiós y muerte
y me traicionan las ganas
de calma chicha, rutina  y alegrías normales.
Cuando necesito un abrazo,
el mundo siempre conspira para dejarme sola.
Y  entonces me queda sumergirme en mi misma
 hasta llegar a mi fondo preñado de sal y verdades
donde rescato con demora espejos rotos
con los que abro el dolor secretísimo de viejas cicatrices
de las que florecen lágrimas que me acompañan la lluvia.

Mi cuerpo tiene 19 años conmigo y aún se me hace extraño
como una casa de fantasmas y arena que se construye sola
sin nadie para habitarla.
Debajo de la tela y las pretensiones
soy sólo una niña
oxidada.

miércoles, septiembre 8

Andenes.


Constrúyeme en amor otra vez de tu costilla.
Estoy tan perdida en las cosas que ya no aguanto
las turbias ganas de volver a ser agua
las absurdas ganas de quedarme quieta y no ser nada.
que soy mujer de carne oscura y mi sangre caliente
ya intentó una vez ser cristal y no fui nada
que soy mujer y lo que tengo apenas cabe
en el humedal salvaje que se alimenta de tu olor
y de las ganas de ser tu felicidad,
la fuerza que exorcice tu azogue de espinas y pasados.
constrúyeme en amor otra vez de tu costilla
hazme mujer del barro azul que florece con tus manos
empújame el amor del fondo del hastío
hasta romper el cristal que intenté ser
hasta que llegue al andén donde pueda creer, feliz,
que esta tristeza es apenas una estación de paso.

lunes, septiembre 6

La luz.



Yo he visto la luz de tantas estrellas
pálidas, titilantes en el vacío insomne del olvido
su luz, como agujeros raídos en el terciopelo
del teatrillo infeliz que es la nada
con sus máquinas de humo,
con sus putas asmáticas.
Y es en ellas, solecitos de mierda,
luciérnagas de neón
donde los sabios dicen ver
verdades, secretos, magnitudes impalpables
yo apenas distingo fosforescencias
reminiscentes a los brocados falsos de los ataúdes,
insignificantes para mí (igual yo para ellas),
tan lejanas,
que no puedo asegurar que su luz sea luz,
o el rastro florido del cadáver de la inercia.

Pero he visto también otras luces,
cálidas, policromas,
que palpo y vivo y se hacen faros
cuando las nieblas cotidianas asientan
sus magnolias ciegas en mi carne.
Porque la luz no es
solamente
la onda vacua del eco de nuestros despojos
o el rayo acusador del lodo y de la herida
que la luz también es incendio tangible,
con sus corpúsculos de amor de hojas y ventanas
la luz también es
el equilibrio de las tinieblas que convergen en tu alma
y la caricia que golpea las retinas luminosas de los gatos,
el gesto que se desborda y me empapa
en tantas esperanzas que se van engarzando
en las mágicas transmutaciones de la palabra,
ese puente común que nos enlaza,
nos dibuja,
y nos constela.

Yo esperé la luz con los ojos cerrados
y en la encontré en nuestras órbitas cruzadas
en tu vocación natural de astro díscolo
en la gravedad atómica y precisa del verso
que grita en silencio y me espanta
las ateridas explosiones del hambre de la nada.

                                                                         a Michele Brivio.

martes, agosto 24

bokeh


Qué brillantes se ven las luces en la autopista de lo que se aleja. Acostumbrada ya debería estar a la escarcha del adiós, a las canciones de amor, a lo que pudo haber sido y no será.  A la culpa, sobretodo. La culpa honesta, la peor de todas, la que más duele, la que más empaña los cristales de los que se van mientras tararean una canción que suena a final y a olvido.
Qué horribles se ven estas manos bajo la luz azul tristeza de la autovía del adiós, cayendo inermes como fardos a mis costados, arañas absurdas de falanges amargas que no saben qué conjuro hacer para traerte de vuelta, qué señal o qué cruz, desnudas como están ahora para tu vida.
Y aquí esperarán estas manos, cosidas a mi cuerpo aún, ondeando mi sangre en la orilla mientras tejen en lágrimas un perdóname, un te quiero, un ojalá infinito como las luces de esta autopista que quizás sepa traer también lo que se lleva vertiginosa; tu olor, tu genio, tu magia ausente de espejismos, tus ojeras transparentes, todo lo que amo, lo único que espero.



miércoles, agosto 18

dermis

voy mudando la piel del alma.
 con ganas de reir en las lágrimas, asisto a la metamorfosis de la añoranza y la tristeza, su manera de trocarse en olvido y cicatrices, en lentos pasillos de lq memoria a los que nunca volveré, salvo en esas eventuales noches en las que descrea la fuerza de mi latido.
pero ahora el mundo parece ser otra cosa.
 yo sólo cruzaré los dedos.
mientras pienso en ti.

sábado, agosto 7

La Derrota II



Al primer hombre que me rompió el corazón
que nunca calmó mis pesadillas
ni construyó para mí un castillo en cual pudiera  creerme princesa.
Que eres mi padre pero también eres nada
un boya errante flotando otoño en mi  mar primavera,
tan indeciso a tomar una posición en mi vida
porque nunca te vas,
pero tampoco entras.
y yo que no termino de acostumbrarme
a tenerte sin contar contigo;
el amor mío es radicalísimo
Y desconoce ciego tus tibiezas.
y tu, que te haces llamar mi mas feroz amigo
la mitad de mi sangre, mi juego maestro de llaves,
 te me pierdes en los días cual fantasma que envejece
dibujando un laberinto de promesas descosidas en mi historia.
y ahora que estoy tan sentimental
lamentado tu indolencia, tu exceso de buenas excusas
ahora que me siento más que nunca
 huérfana de padre vivo,
te  confieso: eres el hombre por el cual
más estos ojos han llorado.
y no te perdono porque mi rencor
esta invariablemente unido
al amor incondicional
que hasta la muerte te profeso.
Perdonar seria dejarte en el camino,
aprender a vivir sin ti,
que es casi peor que contigo.
Y  voy haciendo una lista de lo que me das,
me duele la balanza de lo que me robas;
las normas, los zapatos nuevos, la bondad paterna
los brazos en lo que sentirme segura
quizás hasta la bofetada oportuna
que me hubiese salvado de tantas tristezas
a mi, tu hija error, tu hija medio tiempo.

incompleto

jueves, agosto 5

Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. El nos hará.


Ojalá y la noche nos tome  por sorpresa las espaldas desnudas en un mismo espacio de sabanas no necesariamente blancas. Ojalá y el tiempo me permita desligarme de mi misma y entregarme al sueño a tu lado. Entonces, una vez más, pensaré en Cortázar y conjuraré con sus palabras la franja ígnea del cielo que las mías, famélicas y tenues, nunca podrían abrazar.
 Y cuando respire la magia de la luna en tus omóplatos,  y me entregue al sueño siamés de los dioses buenos,  y vuelva a ser nube y arcilla, y bese la muerte sin temor al hielo o al laberinto, entonces, mágico y cotidiano, vendrá el amor a construirme en acuarelas como alguna vez y para siempre conjuró con su Birome Cortázar.

viernes, julio 23

lamento para la lluvia.

Se me cierra en miedo el corazón mientras afuera la tormenta rompe techos y aceras.
Me voy moviendo por la casa, buscando un rincón sin goteras en mi piso alquilado, tomo un café sin convicciones en la oscuridad de esta madrugada velada en gris, golpeada por las gotas que caen como puños crueles desde un cielo apocalíptico.
Veo llover la salvaje inocencia de la naturaleza y pienso en mi paisito, en mi doliente país de eterno verano y en su jaula de aguas sucias y furiosas, en sus cosechas vueltas lodo, en sus caobas como ángeles caídos. Pienso en los niños que la corriente arrancará a madres silenciadas por el río. Pienso en las manos muertas de los hombres sin techo y sin parcelas, en mi malecón de ensueño, doloroso ahora como una mujer violada. Pienso en las alcantarillas vomitando basura y en los perros muertos que yacen en la memoria de las flores. Pienso en los suspiros que el puño del vendaval romperá sin misericordia en las sienes vírgenes de la esperanza, pienso en dios y y en el presagio de muerte de los días venideros. Pienso en mi país y siento como poco a poco la lluvia se abre paso por mi techo hasta romperme las tibias, hasta calarme los huesos y mojarme de sal las pestañas, porque gime el trueno afuera y yo solo puedo pensar en mi país, flor de un archipiélago de historia lacerada, bello y absurdo como una hermosa mujer manca. mi país que es emblema de mi misma; de mi hambre de sol y mi juventud centenaria, mi país como talismán telúrico para mis huesos. Mi país, que me da asma y rabia y amor y me lleva al borde de querer dejarlo todo, mi país, motor silente de mi lucha queda, mi país; el guijarro mas hermoso que la furia del mar arrojó al camino. Y así, voy pensando en los locos y en la gente sepultada por el lodo que vomitarán las cordilleras, en los pastizales del este y en el terror de los hateros ante sus terneras ahogadas, pienso en los guachimanes de las plazas rememorando flamboyanes descarnados.pienso en los platanales podridos, en el hambre de la gente del Sur, en la masacre de los Yaques crecidos. Pienso en la humedad comiendo bibliotecas y valentías. Pienso en mi madre y en sus sueños deslustrados por la ventolera. Pienso en la casa de mi bisabuela y su memoria junto al balcón mas hermoso de San Juan de la Maguana y lloro por la gente buena de Barahona que hará procesiones silentes por sus cafetales. Lloro y rezo yo también por las epidemias, por las moscas, por la ventura de un Haití que también es parte de mi historia, que también es hermano de mis hermanas. Pienso en los amantes que harán el amor bajo su techo seguro y los bendigo. Pienso en la estatua de fray Antón de Montesinos y me pregunto si lo escuchará dios por sobre el estruendo de la tormenta. Pienso en mi país y las palabras le van cediendo paso al llanto mudo.

*

Y cuando salga indolente el arco iris y la prensa no recuerde ya a las madres sin pan y sin hijos, y cuando a los hipsters se les ocurra hacer otro concierto de ayuda viciada, y cuando la bondad no sea más que otro ideal prostituido por la propaganda y la calma sea sólo la mordaza de un dolor acaso más intenso, yo los recibiré con las manos escupiendo la sangre de la lluvia que ahora me desborda el alma.

lunes, julio 12

Como un ramo de orquídeas.


Contestando tu pregunta, la parte que más disfruto de ti, ya sea lúdica o contemplativamente, tengo que admitir, no es tu nuca, tus ojos o tu espalda, ni tus pies ni tu boca ni solarísimo plexo. Y no es que me disgusten tu nuca o tus pies o tu pecho, si bien saben tus cosquillas que corro a besarlos cada vez que te desnudas. Pero ahora que tengo la licencia de la noche para ser sincera y la valentía y la elocuencia que me dan tres copas, sin más pelos en la lengua que los tuyos, me pronuncio débil ante tus testículos, mercuriales, humanos, poderosos. Escondidos tras la gloria del obelisco que custodian, tus testículos son carne de cañón para mis ensoñaciones locas, para poemas ocultos, para advocaciones profanas. Son la frágil ánfora de tu hombría, relojes siameses que pendulando con arrojo en cada arremetida, corolan la enhiesta flecha de la que se sirven mis dianas expectantes. Tus testículos despiertan en mí la misma devoción que a otras mujeres las mejillas sonrosadas de los niños pequeños. Me invitan a perder en ellos los dedos, la nariz, la lengua; el alma que al final, no es más que otro apéndice intangible… Pero los conozco, tus planetas íntimos, las enanas estrellas binarias que exudando el olor dulceácido de tu hombría despiertan en mí la animal oculta tras las fachadas. Me gozo en la costura dérmica que divide tus órbitas y se prolonga hasta difuminarse en tu ombligo, en la piel rugosa y suave que guarda el génesis gemelo de la semilla de la cual soy surco, del hálito que vulgarmente llaman lácteo y no es otra cosa que la sangre de dios vertida en mi espalda, en mi vientre y en mi boca. Me pierdo en tus testículos cuando se desparraman en agua dura bajo el calor de la tarde en duermevela, cuando caminas; bamboleantes y suspendidos, o cuando ígneos y desafiantes rompen la gravedad como toros u olas embistiendo. Por eso, (contestando tu otra pregunta) si te vas, si algún dia decides irte, como muestra de tu amor y el mío, te juro, que mas que el coche o el apartamento, antes de cortarme las venas, primero te arranco los testículos.

Y no, no es una broma de mi naturaleza concupiscente.

sábado, junio 19

¿Te gusta mi bachata amiguita?

Santo Domingo y abril en un colmado cualquiera, la sorpresa de tu brazos surcados de promesas, tu boca de equilibradas tinieblas y tu perfecta camiseta vieja. Me detallaban existencialidades al por menor cuando rompiste tu piropo en mi espalda y yo me derretí en rubor sobre los dulces de coco, las masitas y los caramelos de la barra. Era mentira que fuera ese el mejor halago que me hubieran hecho en mucho tiempo, pero fue lo que te respondí mordiéndome la sonrisa.

Cruzaste las piernas hacia mí y aflojaste los puños llenos de monedas resobadas. Yo recogí lo mío del mostrador y me dispuse a irme cuando me preguntaste si no creía que valiera la pena vernos otra vez, porque una mujer como yo merecía más que palabras fortuitas. Lo siento, te respondí. No suelo intimar con hombres que a las tres de la tarde están sentados en la tragaperras de un colmado, eligiendo perder su dinero en azares tan falibles, tan vulgares. Sin importar lo dulce de tu piropo o que tan discretamente me miraras las caderas, tenias que entender, y ojalá que entendieras, que una mujer como yo necesita de sus reticencias.


Me fui sin esperar respuesta y lo único que atiné a oír fue una malapalabra.
 Touché.
 Mis prejuicios nunca me fallan.

sábado, junio 12

Such an unworthy language for our conversations. Haiku.

Spasms of solitude
lust will be the death of me
but I’m no martyr.

Haiku: L'amour

Los malos vicios
no los renegaría
si estuvieses.

¡Esclava de mí!
Amar es una noria
y qué importa.

Ya no tenerte
se me hizo costumbre:
La peor de todas.

martes, mayo 25

Haiku:El Arte.




Juego contra Dios.
Estos dados son sueños,
yo siempre gano.


Lloran, las musas.
Son fantasmas glaucos,
¿los necesito?

Egon Schiele
pintó a una mujer
en mis párpados.

Cuando escribo
mi cuerpo no es cuerpo,
es otra cosa.

Leí a Bukowski.
La vie es una perra
que cobra caro.




imagen: egon schiele