viernes, junio 19

Receta Sencilla.


Sal al patio, respira hondo el verdor cuando atardece.
Recoge orégano de las macetas.
Pon a secar las ramas.
Elige el más maduro de los tomates.
Enciende la estufa.
Derrite mantequilla.
Deja caer en ella láminas transparentes de ajo,
también muele pimienta.
Corta el tomate, ruedas gruesas, sanguíneas,
como un corazón abierto.
Con la palma de las manos, pulveriza orégano
siente como crujen las hojas,
su olor de estío.
Añade sal y ralladura de limón,
pero sólo un poco;
la vida no necesita
tanta amargura.
Pon la mesa.
El mantel de domingo,
vino, queso,
tus tomates y su salsa vital
de orégano y mantequilla.
Siéntate a tu lado.
Olvida los modales
y deja que los jugos
chorreen por tu camisa.
Desmenuza con los dedos,
Recoge hasta la última gota del plato.
Pero sobre todo
disfruta la compañía
de quien estará contigo
por el resto de tu vida.

2 comentarios:

Mishra The Pirate dijo...

Deberias invitarme a almorzar (las cenas de dos son barbaricas).

Nivreial dijo...

Buena, Pé...
sólo que hay algunos que no saben si se tienen.
nosotros, qué hacemos?