miércoles, mayo 12

Al carajo.




Todos los días pasábamos por la mismo iglesia, evangélica, adventista, que se yo. Todos los días saltabas con una de tus frases, con tus ganas de joder; síganle dando a dios lo que es del césar, a voz de cuello y sin disimular mientras rodaban la canastica para el diezmo. Nos reíamos de pena de las viejitas que dejaban ahí la mitad del sueldo de jubilación o de las remesas que llegan con atraso, siempre. La historia seguro es la misma, una hija que se empeña en decir que recorta puntas en un salón aunque todo el mundo sepa que anda cueriando en España, o un sobrino que se fue dizque a estudiar y terminó vendiendo crack robando ipods en el Bronx, porque como todo el mundo sabe, ese es el verdadero american fuckin dream.

El caloraso. Al igual que en aquellos dias, sigue siendo lo único verdaderamente omnipresente. Las viejas adentro montándose con el espíritu y desafinando el alabaré alabaré y tú, ¡amén!, sobándome las nalgas afuera. La vida era más o menos bonita, no podíamos negarlo. No era Paris con aguacero pero era algo y era nuestro. Yo te hacia dibujitos y tu me rascabas la cabeza. Yo te escuchaba en tus argumentaciones dolorosas contra el mundo y tú me dejabas escucharte. Yo te prestaba libros y tú a mí películas, aunque siempre me terminara durmiendo a la mitad sin importar que tan buena fuera o que tú odiaras la poesía latinoamericana, la beat y hasta la japonesa, o como me admitiste más tarde, toda la poesía, sin excepciones. Se nos solía ir la tarde escuchando música de esa que da teriquito, te cierra los ojos y te pone a soñar entre contratiempos y polirritmos; Miles Davis, Frank Zappa y Maynard James Keenan por un tubo. Tú nunca tenías un chele pero nos la buscábamos, tu cama estaba ahí entretanto pagaras la renta, el aire que respirábamos todavía era gratis y yo ligaba las birras con mi sueldito de vendedora part time. Contigo más o menos me creí que el amor sí podía ser buen negocio. Y lo fue a pesar de que tu maldito perro masticó mis anteojos nuevos y mis bragas favoritas. Fue bueno mientras duró, o al menos eso quiero creer yo ahora, más que decidida a comerme con yuca las partes horribles de la historia.

No tengo de otra, me quedo con el lado bonito de la verdad, sin penas, sin mal de amores, sin insomnios ni deseos de karmas fatídicos sobre tu hedionda persona. es que hoy no ando con ganas de admitir que eres un hijo de la gran puta, y tampoco quiero admitir otra vulgarísima derrota. Aunque si me preguntas, y ojalá que un dia de estos lo hagas, por mi parte te puedes ir sin escalas a la misma mierda.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Coño que curiosa que me pones. Hasta me parece irreal la normalidad.

DW dijo...

Ajaja, una ninfa de Cortázar, qué tal? Creo que podríamos entendernos, y si no nos entendemos, después de todo siempre tendrás tus aceitunas, no?
Prueba tu suerte:
www.cuentosblancos.blogspot.com

Anónimo dijo...

me parece interesante encontrar aqui mismo lo que muchas veces paso x mi cabeza y no supe como sacarlo..estos hombres!!

Pat.- dijo...

A mi me resulta muy comica esta entrada :P