lunes, julio 12

Como un ramo de orquídeas.


Contestando tu pregunta, la parte que más disfruto de ti, ya sea lúdica o contemplativamente, tengo que admitir, no es tu nuca, tus ojos o tu espalda, ni tus pies ni tu boca ni solarísimo plexo. Y no es que me disgusten tu nuca o tus pies o tu pecho, si bien saben tus cosquillas que corro a besarlos cada vez que te desnudas. Pero ahora que tengo la licencia de la noche para ser sincera y la valentía y la elocuencia que me dan tres copas, sin más pelos en la lengua que los tuyos, me pronuncio débil ante tus testículos, mercuriales, humanos, poderosos. Escondidos tras la gloria del obelisco que custodian, tus testículos son carne de cañón para mis ensoñaciones locas, para poemas ocultos, para advocaciones profanas. Son la frágil ánfora de tu hombría, relojes siameses que pendulando con arrojo en cada arremetida, corolan la enhiesta flecha de la que se sirven mis dianas expectantes. Tus testículos despiertan en mí la misma devoción que a otras mujeres las mejillas sonrosadas de los niños pequeños. Me invitan a perder en ellos los dedos, la nariz, la lengua; el alma que al final, no es más que otro apéndice intangible… Pero los conozco, tus planetas íntimos, las enanas estrellas binarias que exudando el olor dulceácido de tu hombría despiertan en mí la animal oculta tras las fachadas. Me gozo en la costura dérmica que divide tus órbitas y se prolonga hasta difuminarse en tu ombligo, en la piel rugosa y suave que guarda el génesis gemelo de la semilla de la cual soy surco, del hálito que vulgarmente llaman lácteo y no es otra cosa que la sangre de dios vertida en mi espalda, en mi vientre y en mi boca. Me pierdo en tus testículos cuando se desparraman en agua dura bajo el calor de la tarde en duermevela, cuando caminas; bamboleantes y suspendidos, o cuando ígneos y desafiantes rompen la gravedad como toros u olas embistiendo. Por eso, (contestando tu otra pregunta) si te vas, si algún dia decides irte, como muestra de tu amor y el mío, te juro, que mas que el coche o el apartamento, antes de cortarme las venas, primero te arranco los testículos.

Y no, no es una broma de mi naturaleza concupiscente.

2 comentarios:

junior polanco dijo...

terriblemente descriptiva,nunca habia sentido tanto friito en los mios como en ese final,jajaj,sera mejor no dejarte.amo a mis testiculos.tengo esa misma fijacion,pero por la piel que esta entre el muslo y la curvita de la nalga femenina,no se como se llama eso.y claro,los pies,los pies!lo que no pretendo cortarsela/os a nadie,lol.

Anónimo dijo...

Coño !!!