viernes, julio 23

lamento para la lluvia.

Se me cierra en miedo el corazón mientras afuera la tormenta rompe techos y aceras.
Me voy moviendo por la casa, buscando un rincón sin goteras en mi piso alquilado, tomo un café sin convicciones en la oscuridad de esta madrugada velada en gris, golpeada por las gotas que caen como puños crueles desde un cielo apocalíptico.
Veo llover la salvaje inocencia de la naturaleza y pienso en mi paisito, en mi doliente país de eterno verano y en su jaula de aguas sucias y furiosas, en sus cosechas vueltas lodo, en sus caobas como ángeles caídos. Pienso en los niños que la corriente arrancará a madres silenciadas por el río. Pienso en las manos muertas de los hombres sin techo y sin parcelas, en mi malecón de ensueño, doloroso ahora como una mujer violada. Pienso en las alcantarillas vomitando basura y en los perros muertos que yacen en la memoria de las flores. Pienso en los suspiros que el puño del vendaval romperá sin misericordia en las sienes vírgenes de la esperanza, pienso en dios y y en el presagio de muerte de los días venideros. Pienso en mi país y siento como poco a poco la lluvia se abre paso por mi techo hasta romperme las tibias, hasta calarme los huesos y mojarme de sal las pestañas, porque gime el trueno afuera y yo solo puedo pensar en mi país, flor de un archipiélago de historia lacerada, bello y absurdo como una hermosa mujer manca. mi país que es emblema de mi misma; de mi hambre de sol y mi juventud centenaria, mi país como talismán telúrico para mis huesos. Mi país, que me da asma y rabia y amor y me lleva al borde de querer dejarlo todo, mi país, motor silente de mi lucha queda, mi país; el guijarro mas hermoso que la furia del mar arrojó al camino. Y así, voy pensando en los locos y en la gente sepultada por el lodo que vomitarán las cordilleras, en los pastizales del este y en el terror de los hateros ante sus terneras ahogadas, pienso en los guachimanes de las plazas rememorando flamboyanes descarnados.pienso en los platanales podridos, en el hambre de la gente del Sur, en la masacre de los Yaques crecidos. Pienso en la humedad comiendo bibliotecas y valentías. Pienso en mi madre y en sus sueños deslustrados por la ventolera. Pienso en la casa de mi bisabuela y su memoria junto al balcón mas hermoso de San Juan de la Maguana y lloro por la gente buena de Barahona que hará procesiones silentes por sus cafetales. Lloro y rezo yo también por las epidemias, por las moscas, por la ventura de un Haití que también es parte de mi historia, que también es hermano de mis hermanas. Pienso en los amantes que harán el amor bajo su techo seguro y los bendigo. Pienso en la estatua de fray Antón de Montesinos y me pregunto si lo escuchará dios por sobre el estruendo de la tormenta. Pienso en mi país y las palabras le van cediendo paso al llanto mudo.

*

Y cuando salga indolente el arco iris y la prensa no recuerde ya a las madres sin pan y sin hijos, y cuando a los hipsters se les ocurra hacer otro concierto de ayuda viciada, y cuando la bondad no sea más que otro ideal prostituido por la propaganda y la calma sea sólo la mordaza de un dolor acaso más intenso, yo los recibiré con las manos escupiendo la sangre de la lluvia que ahora me desborda el alma.

3 comentarios:

Mr. Hyde dijo...

como un tumor del que nadie habla.... la luvia cae sobre sombrillas efimeras enmarañadas de hipocrecia.... a pocas personas les duele la faz oscura de la lluvia...nos secamos la piel y dejamos empapado el corazon... precioso... felicidades

Rommell dijo...

Oda.

Anónimo dijo...

!!