martes, agosto 24

bokeh


Qué brillantes se ven las luces en la autopista de lo que se aleja. Acostumbrada ya debería estar a la escarcha del adiós, a las canciones de amor, a lo que pudo haber sido y no será.  A la culpa, sobretodo. La culpa honesta, la peor de todas, la que más duele, la que más empaña los cristales de los que se van mientras tararean una canción que suena a final y a olvido.
Qué horribles se ven estas manos bajo la luz azul tristeza de la autovía del adiós, cayendo inermes como fardos a mis costados, arañas absurdas de falanges amargas que no saben qué conjuro hacer para traerte de vuelta, qué señal o qué cruz, desnudas como están ahora para tu vida.
Y aquí esperarán estas manos, cosidas a mi cuerpo aún, ondeando mi sangre en la orilla mientras tejen en lágrimas un perdóname, un te quiero, un ojalá infinito como las luces de esta autopista que quizás sepa traer también lo que se lleva vertiginosa; tu olor, tu genio, tu magia ausente de espejismos, tus ojeras transparentes, todo lo que amo, lo único que espero.



1 comentario:

Anónimo dijo...

!!!