sábado, septiembre 25

Lo que queda.


Mi cuerpo siempre me traiciona
con su jaula de huesos para adiós y muerte
y me traicionan las ganas
de calma chicha, rutina  y alegrías normales.
Cuando necesito un abrazo,
el mundo siempre conspira para dejarme sola.
Y  entonces me queda sumergirme en mi misma
 hasta llegar a mi fondo preñado de sal y verdades
donde rescato con demora espejos rotos
con los que abro el dolor secretísimo de viejas cicatrices
de las que florecen lágrimas que me acompañan la lluvia.

Mi cuerpo tiene 19 años conmigo y aún se me hace extraño
como una casa de fantasmas y arena que se construye sola
sin nadie para habitarla.
Debajo de la tela y las pretensiones
soy sólo una niña
oxidada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

!!!