lunes, septiembre 6

La luz.



Yo he visto la luz de tantas estrellas
pálidas, titilantes en el vacío insomne del olvido
su luz, como agujeros raídos en el terciopelo
del teatrillo infeliz que es la nada
con sus máquinas de humo,
con sus putas asmáticas.
Y es en ellas, solecitos de mierda,
luciérnagas de neón
donde los sabios dicen ver
verdades, secretos, magnitudes impalpables
yo apenas distingo fosforescencias
reminiscentes a los brocados falsos de los ataúdes,
insignificantes para mí (igual yo para ellas),
tan lejanas,
que no puedo asegurar que su luz sea luz,
o el rastro florido del cadáver de la inercia.

Pero he visto también otras luces,
cálidas, policromas,
que palpo y vivo y se hacen faros
cuando las nieblas cotidianas asientan
sus magnolias ciegas en mi carne.
Porque la luz no es
solamente
la onda vacua del eco de nuestros despojos
o el rayo acusador del lodo y de la herida
que la luz también es incendio tangible,
con sus corpúsculos de amor de hojas y ventanas
la luz también es
el equilibrio de las tinieblas que convergen en tu alma
y la caricia que golpea las retinas luminosas de los gatos,
el gesto que se desborda y me empapa
en tantas esperanzas que se van engarzando
en las mágicas transmutaciones de la palabra,
ese puente común que nos enlaza,
nos dibuja,
y nos constela.

Yo esperé la luz con los ojos cerrados
y en la encontré en nuestras órbitas cruzadas
en tu vocación natural de astro díscolo
en la gravedad atómica y precisa del verso
que grita en silencio y me espanta
las ateridas explosiones del hambre de la nada.

                                                                         a Michele Brivio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que disfrute leer esto !!!