sábado, diciembre 4

Engranaje.



Todos los días igual te voy pensando
tejiéndote la silueta con todas las cosas del mundo
que me recuerdan tu voz, igual ayer que ahora
como si los eones no pasaran sobre nosotros como
nubes de plomo
o balas reventando

el tiempo.

No muere el amor,
esa hierba azul  y aveces mala
que me crece sus raíces adentro y me transforma;
me hace mas bonita pero también más triste
y por igual me da alas o me revienta cruces.

Va muriendo, entonces, ese otro motor
al que aún no he dado nombre porque
no sé nombrarlo,
el resorte que torna al amor en un cosmos habitable
  que toma el sentimiento amorfo
y con magia de dedos y luces
 lo pone en marcha
vibrante como un secreto

o una amapola
  que palpita.

Me va cogiendo moho el artilugio
con el que te amaba.
Y el amor -que no muere pero se desluce-
se va olvidando de sí y se relega
al placard donde se amontonan
gestos en desuso, dientes de leche y nombres con historias
de las que nadie quiere acordarse.

Si nos descuidamos, eventualmente los caminos
acaban
por bifurcarse.

Y nos separan tanto que dejamos de distinguir
el uno en el otro
 las gotas cotidianas
que nos construyen
como estalagmitas.
Luego no somos más que montones de sal y tierra
reservados, extraños
e irreconocibles.

El hoy por hoy por hoy
va corriendo y se hace ayer.
Lo lamento pero
ya no tengo más nada brillante que darte.
lo que queda de mí
soy yo misma.

Y tú, que ya lo sabes
construyes tus márgenes y
me vas empujando
lenta y tristemente
hacia la izquierda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

!!! disfruto