viernes, abril 29

Andenes II

Somos el pasado/ un montón de peculiaridades.
Somos eso que se nos queda atrás y sin embargo nos impulsa a futuro como una garra en la nuca que empuja sin apretar y apenas asoma sus falanges cuando nos arreglamos la camisa en el espejo. Somos esas vidas que como mudas de culebra abandonamos en quietos nacimientos cotidianos, la ropa vieja de sentimientos que una vez se hicieron risa o llanto sobre las tazas gastadas de un café demasiado frío, la celebración de canciones que ya no nos inmutan, el oscuro y calmo vacío que te dejan nombres de cuatro letras, tristezas de cinco. La sorpresa y esa sensación densa de que ya eres otra y nunca más volverás la vista atrás, a esa Ítaca de Ulises amargos y dipsómanos, de nombres de cuatro y cinco letras, de absurdos que no terminan de encajar con esa que ahora eres. Ni mejor ni peor, pero otra, distinta a la de las fotos, a la de los viejos poemas. En tu mismo nombre, tu misma cama, tus mismos simulacros y sonrisas de siempre, pero otra. Que mira desde arriba y pestañea poco, que ya no llora mientras deja caer las cadenas de rencores viejos, ahora demasiado grandes y ajenos, pertenecientes al pasado que eres, que te empuja, que te condiciona pero ya no sabe determinarte.

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