Pienso que juntaré mis poemas,
agarrados como una fila de huracanes
y haré un libro desafiante y bello para vos.
Un libro donde estaremos felices
o ariscos como gatos discutiendo,
un libro que flote en el tiempo de tu tiempo
y que podas enseñar a tus nietos
y decirles:
”Miren como me amó esta mujer”,
con orgullo de macho idolatrado.
Gioconda Belli
agarrados como una fila de huracanes
y haré un libro desafiante y bello para vos.
Un libro donde estaremos felices
o ariscos como gatos discutiendo,
un libro que flote en el tiempo de tu tiempo
y que podas enseñar a tus nietos
y decirles:
”Miren como me amó esta mujer”,
con orgullo de macho idolatrado.
Gioconda Belli
Recoge los poemas que lancé al aire para ti, las botellas llenas de ruegos y esperanzas que dejé ir a tu mar de tinieblas, el testimonio de mi amor bordado en tormentas. Tómalos y has de ellos una bandera, un pañuelo de derrotas, una oscura perla de lágrimas.
¿Reconoces en ellos tu piel?
Yo te hice sol y te prendí en mi universo, te conjuré único, te amé con la implacable dulzura de mis manos. Te nombré señor de mi reino diáfano de piel y rutinas, enjuagué con calma tu silencio, el desastre atroz de tu inconstancia. Me hice responsable del peso de la eternidad oculto en las palabras que ensordecían del deseo tus manos. Yo hice una bitácora de amor y le puse nuestros nombres, te adorné el alma con nardos y filigrana, te quise con la belleza de quien guarda en sí el dolor de la esperanza.
Yo te hice algo más que un hombre.
Yo creé un paraíso con mi aliento, te guardé en el tiempo, te regalé la luz infinita de mi lenguaje.
Toma mis poemas del aire y de las botellas naufragas, descubre en su espejo la primavera curiosa de nuestros primeros encuentros, la rabia otoño que dejó en mí tu lejanía. Toma mis poemas y búscate el corazón en ellos, cóselos a tu camisa, siéntete orgulloso de haber sido alguna vez amado. Tú, que no eres más que huesos y agua, tú que no eres ya más que un hombre, toma mis poemas, mi amor tenaz, mi historia de mujer fecunda. Toma mis poemas y atesóralos.
Para mí, no son más que jirones de piel vieja.
Para ti, serán la prueba del amor que una mujer que no es poca mujer te dedicó una vez, haciéndolo inmortal más allá de todo río de tiempo.
Toma mis poemas y guárdalos bien.
Como yo te amé nunca ya jamás volverán a amarte.
¿Reconoces en ellos tu piel?
Yo te hice sol y te prendí en mi universo, te conjuré único, te amé con la implacable dulzura de mis manos. Te nombré señor de mi reino diáfano de piel y rutinas, enjuagué con calma tu silencio, el desastre atroz de tu inconstancia. Me hice responsable del peso de la eternidad oculto en las palabras que ensordecían del deseo tus manos. Yo hice una bitácora de amor y le puse nuestros nombres, te adorné el alma con nardos y filigrana, te quise con la belleza de quien guarda en sí el dolor de la esperanza.
Yo te hice algo más que un hombre.
Yo creé un paraíso con mi aliento, te guardé en el tiempo, te regalé la luz infinita de mi lenguaje.
Toma mis poemas del aire y de las botellas naufragas, descubre en su espejo la primavera curiosa de nuestros primeros encuentros, la rabia otoño que dejó en mí tu lejanía. Toma mis poemas y búscate el corazón en ellos, cóselos a tu camisa, siéntete orgulloso de haber sido alguna vez amado. Tú, que no eres más que huesos y agua, tú que no eres ya más que un hombre, toma mis poemas, mi amor tenaz, mi historia de mujer fecunda. Toma mis poemas y atesóralos.
Para mí, no son más que jirones de piel vieja.
Para ti, serán la prueba del amor que una mujer que no es poca mujer te dedicó una vez, haciéndolo inmortal más allá de todo río de tiempo.
Toma mis poemas y guárdalos bien.
Como yo te amé nunca ya jamás volverán a amarte.

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